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Sunday, January 07, 2018

SOLO INTENSIDADES


                        


Él desnudo. Yo desnuda.

Sentados en el suelo sobre almohadones frente a frente a dos metros uno del otro. Nos miramos con necesidad de fuego terrestre y de los otros.
Cada uno tiene varios libros a su lado. Me toca a mí leer (apenas puedo con la luz pequeñita de los candeleros)
Con una mano sostengo el libro, la vida está en otra parte y la busco con la otra mano en mi sexo.  Él me mira, siempre lo hace!

Continúo la lectura y dos de mis dedos ahora buscan mi clítoris.
Él comienza a acariciarse. Justo cuando le toca sonreír con los hermanos Karamazov mientras su sexo se eleva como los mástiles de la nave de Odiseo.
Ahora yo leo con voz de Penélope y mis jugos se convierten en mares de naufragio.
Él se ha transformado en Don Rigoberto y continúa como si el arco del violín se ensañara en ese Capriccio que deseo más que nada en el mundo.
Entonces lo acaricio con las memorias de Adriano. Mientras él responde con queremos tanto a Glenda.
Mi clítoris le regala con voz de pitonisa delirante el amor en los tiempos del cólera.
Él me devora con ojos de Dorian Gray.
Yo me dejo llevar por algún genio de las mil y una noches cuando todo se vuelve rojo y negro.
Él me hace una seña desesperada para que se cumpla el proceso de metamorfosis cuando llega a Kafka .

Entonces no nos queda otra alternativa que levantarnos de los almohadones, buscar una silla de alas firmes y ponerla en el centro de la sala. Mientras esta comienza a elevarse frente al gran espejo se unen nuestros sexos como en el cantar de los cantares...

Cuando gritamos, gemimos juntos hasta el último acorde, ambos estamos pensando en las mismas flores.

La vida está ahí...


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